EL FUNDADOR DE LA BRIGADA PARACAIDISTA

Asociación de veteranos paracaidistas

 

 

 

 

Las fotos y los retratos oficiales le muestran con la pechera llena de ‘chapas’, fruto de las campañas en las que participó, en las que su valor no solo fue acreditado, sino también reconocido y recompensado. Pero, por encima de todas, contaba con la segunda condecoración militar más importante de España: la Medalla Militar Individual. A su propietario, el general Pallás Sierra, fallecido en 2005, se le debe la puesta en marcha de uno de los cuerpos de élite de las Fuerzas Armadas de nuestro país: los paracaidistas del Ejército de Tierra.

Cada 23 de febrero la Brigada Paracaidista conmemora el primer salto realizado por sus pioneros en tal fecha del año 1954, en la Escuela Militar de Paracaidismo del Ejército del Aire en Alcantarilla (Murcia). Pero la intensa vida en la Milicia de Pallás había comenzado hacía casi veinte años cuando unos días después del inicio de la Guerra Civil, siendo un adolescente, se alista como voluntario en las filas de los nacionales.

III Tabor de Ifni Sahara

El jovencísimo Pallás es un guerrero nato. Asciende a cabo y a sargento y se bate el cobre en la Bandera de Carros de Combate de la Legión. Realiza el curso de ascenso a alférez y, recién estampillado con la estrella de cinco puntas, pasa a otra unidad de asalta, el III Tabor de Ifni Sahara, muy premonitorio.

En septiembre de 1939, unos meses después del final del conflicto, se le concede la Militar Individual por un acto de heroísmo supremo mientras servía en Esquiadores: el expediente da fe de que Pallás se presenta voluntario para llevar medicamentos a un herido que se encuentra en una posición cercada por el enemigo.

 

Pero aquella medalla no era el colofón a una carrera circunstancial. Todo lo contrario. Se trataba del pistoletazo de salida a una larga dedicación a la milicia. Y siempre con un denominador común: hacerlo en unidades de asalto.

A lo largo de su vida militar, Pallás pasa por las Tropas de Montaña, los Tiradores de Ifni, la Legión… En todas ellas da impulso a lo que recibe. Precisamente el Tercio es uno de sus cuerpos favoritos, donde pasa una gran parte de su carrera como oficial: comanda la V Bandera, es coronel jefe de los Tercios Alejandro Farnesio y Don Juan de Austria, funda la revista La Legión, etc.

Además, Pallás protagoniza uno de los hitos históricos legionarios en cuanto a escalafón, al mismo nivel que el del teniente coronel Domingo Piris Berrocal: ser el primer, y único, subinspector de la Legión con rango de general de División de 1978 a 1984, cuando lo normal era desempeñar el cargo como general de Brigada. Durante ese periodo pone en marcha la Academia de Formación de Mandos Legionarios.

Pero donde Pallás puede poner todo su ingenio al servicio de una idea es en los paracaidistas del Ejército de Tierra. Allí estaba todo por hacer cuando en 1953 el general Agustín Muñoz Grandes, a la sazón ministro del Ejército, decide crear la Bandera Paracaidista del Ejército de Tierra. Un proyecto muy personal del que fuera primer comandante en jefe de la División Azul confiado al hombre más capaz para ello: Pallás Sierra.

 

 

 

Uniforme azul, camisa verde

Hasta entonces las Fuerzas Armadas españolas tan solo contaban con las tropas paracaidistas del Ejército del Aire, juzgadas escasas para las necesidades estratégicas del momento. El 11 de enero de 1954 Pallás, dos capitanes, dos tenientes, dieciocho sargentos, quince cabos y 168 soldados se incorporan al curso de paracaidismo del Ejército del Aire. Son los primeros Cazadores Paracaidistas, según la terminología oficial de la época. Todos son voluntarios. Y aunque visten con el uniforme azul-gris de las tropas del Aire, eso no puede evitar que la mayor parte de ellos, procedentes de la Legión, usen la camisa verde o el gorrillo legionario, como tampoco que los cantos del Tercio sean los primeros adoptados por los que, más tarde, serán reconocidos como Caballeros Legionarios Paracaidistas.

Una foto de Pallás junto a Muñoz Grandes muestra al entonces comandante luciendo su gorrillo, como poco después la oficialidad paracaidista lucirá la teresiana, con plato negro, eso sí. La boina negra todavía no había aparecido, pero pronto Pallás la conseguirá para sus hombres, a los que imbuye de la mística almogávar y que desfilan con sus chichoneras, sus blusones de salta y sus correajes de lona -un material vanguardista para el ejército español de la época- el 1 de abril de 1954.

Precisamente uno de los caudillos de los míticos guerreros levantinos, Roger de Flor, da nombre a la I BPAC. En 1956 se crea la Agrupación de Banderas Paracaidistas del Ejército de Tierra. Al estallar el conflicto en Ifni y Sahara, la I Bandera es despachada al teatro de operaciones. Pallás queda al mando de la II BPAC Roger de Lauria -otro guiño almogávar- como relevo enviado a Ifni. Aquella guerra, hoy tan olvidada, fue el bautismo de fuego de los paracaidistas del Ejército de Tierra. Pero esa, como diría Kipling, ya es otra historia.

Espíritu de cuerpo

Pallás también dotó a los ‘paracas’ de lo más importante en un nuevo cuerpo: tradiciones y distintivos diferenciadores propios. Además de la boina negra y los emblemas, popularizó la cazadora caqui realizada a partir de guerreras recortadas de las tropas de Montaña. El lema de los paracaidistas, y que los acompaña desde entonces, también hacía patente la herencia legionaria recibida: “¡Sobre nosotros, Dios! ¡Con nosotros, la victoria! ¡En nosotros, el honor! ¡Triunfar o morir!”.

 

 

FUENTE:  https://intereconomia.com/noticia/triunfar-o-morir-agitada-vida-tomas-pallas-20120308-20120310-0000/